Una oración

image-52¿Vosotros creéis que el corazón puede licuarse? ¿Se desmaterializará el corazón? ¿Qué es esta sensación de fluidez en medio del pecho? ¿Se derrite el corazón?

Me venís a la memoria por el camino del río, el bosque de ribera a un lado, los pastos secos al otro. Pasáis uno a uno, una a una, ante mi mirada; aunque no sé de qué mirada se trata, porque tengo los ojos abiertos pero no estáis frente a mí, sino dentro de mí. Y a medida que pasáis el corazón se reblandece, se licúa, se hace tan líquido, que los ojos se me llenan de lágrimas.

Queridos amigos, parece que nuestra experiencia de vivir en el alma afecta al corazón. ¿Por qué me conmueven las zapatillas negras del anciano que camina lentamente, muy lentamente, delante de mí? Unas zapatillas negras de lona y suela de goma negra también, y a pesar de que debió ser un hombre bastante corpulento, sus zapatillas, sus pies, son extrañamente pequeños. Su bastón marca su débil paso y es como si soy yo misma lo empuñara; yo misma visto su jersey gris y sus zapatillas negras.

Un poco más lejos me cruzo con dos niños en bicicleta, van uno junto a otro, hablando de las bicis que podrían tener: “Pues yo la bici de carreras no la metería por los pinos”; “los pinos” se refiere a un bosque de pinos en una colina muy cerca de la ciudad. Sus caras redondeadas, rellenitas, sus flequillos enmarcándolas, despiertan en mí tal ternura hacia ellos, una dulzura, ¿un poco triste? ¿Qué levanta en mí la compasión al mirarlos? Quizá es que en su voz siento latir tantos futuros anhelos, tantas experiencias, ligeras y graves, siento tantos años de lucha esperándoles.

Señor, protege a los niños, colma de paz a los adolescentes, trae calma y alegría a los adultos, inunda de beatitud a los ancianos.

Desde el alma-corazón,

Tyagi Indrani Cerdeira
Editora de Ananda Ediciones

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