La Dicha que nos espera

dovesHoy es domingo y es la primera hora de la mañana. El pueblo, siempre silencioso, está especialmente silencioso un domingo a primera hora de la mañana. Desde mi ventana veo la iglesia, una humilde capilla del siglo XII, en la que todavía se llama a misa tocando las campanas. Me parece estar oyéndolas, profundas, confortadoras, y no sé si porque me gustaría oírlas haciendo vibrar este profundo silencio, me acerco a la ventana y abro dos de sus hojas de par en par. ¿Qué produce este bello movimiento que surca el aire?

Una bandada de palomas pasa y repasa ante mi ventana. Se dirigen en formación hacia el Este, de pronto giran sin que se sepa porqué y sin precipitarse, y describiendo un bucle, vuelan hacia el Oeste, de nuevo no veo ninguna causa para que lo hagan. Parece como si simplemente quisieran mostrar su acompasado movimiento, su sintonía blanca y negra bajo los rayos del sol, porque enseguida es el Norte el que las llama, y de nuevo el Sur. Ahora se dejan caer en una blanda pirueta sobre los pastos, al levantarse en hilera cambian la formación y retoman su paso de baile.

Señor, cómo goza el corazón con este inesperado regalo, no sabía que en Villarrodrigo había una bandada de palomas, ¿sale sólo los domingos? Y desconocía la armonía que una bandada de palomas puede desplegar brillando en este cielo sin nubes, tenuemente azul, de Noviembre.

Señor, si basta abrir la ventana para encontrar la Gracia derramándose sobre el día, si nos ofreces un precioso inesperado regalo sencillamente con que miremos por la ventana, ¡qué dicha tendrás preparada para nosotros!

Sí, eso estaban mostrándome las palomas; su danza engalanando los cuatro puntos cardinales me señalaba la Promesa de Dios, la inundación de Dicha que nos espera.

En la dicha del alma,

Tyagi Indrani Cerdeira
Editora de Ananda Ediciones

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