Claridad Cristalina de Razón y Sentimiento

73 Master, Mountain, MoonMuchos de vosotros vivís en lugares en los que no “hiela” y, en cierto sentido, sois afortunados por no pasar los crudos inviernos del borde de la meseta; pero también es verdad que existe belleza en estos duros inviernos, en el amanecer, por ejemplo, de un día tras una noche de rigurosa helada.

Cuando tras una helada como la que esta noche congeló Villarrodrigo, la luz del amanecer va descubriendo las formas, una capa de hielo aparece escarchándolo todo. Los prados, los tejados, la espadaña y la iglesia, las madreselvas y los arbustos del jardín, los altos chopos que anuncian la ribera, se han cristalizado; el aire y el tiempo mismo se cristalizan, y el día comienza en una cristalina blanca quietud y un cristalino blanco silencio.

Este cristal, que acalla por unas horas la agitación de la vida, produce una fuerte sensación de transparencia. Si bien Swami Sri Yukteswar describe el mundo astral como un mundo de bellísimos colores, hoy este paisaje transparente de escarcha me hace pensar en el mundo astral, en un mundo de claridad y transparencia, y se levanta en mí el profundo anhelo humano, el recuerdo, de una vida de claridad y transparencia.

Swami Kriyananda habla de claridad cristalina; claridad cristalina de razón y sentimiento. El rocío helado de este amanecer es una alabanza, y una celebración, de la claridad cristalina.

Cuando salgo a la huerta, a dar los buenos días a la helada, el sol quiere empezar a romper el horizonte, una línea azul clara lo recorre. Enseguida esta línea se hace un poco más ancha, y en un punto comienza a brillar intensamente. El sol se asoma apenas sobre la colina al fondo, perfilándola; su luz de Diciembre, casi blanca, delinea las copas de las encinas y los robles. Unos minutos más tarde aparece ya su bola dorada pálida. Canela y Dhyuti se entrelazan a mis piernas y, estirándose, reclaman mi atención dándome golpecitos con una pata. La salida del sol es tan corta en esta estación, que ya sobrepasa las lomas, me da directamente en la cara; abro los brazos, quiero que me inunde, qiero que que inunde mi pecho. Me parece que los rayos del sol atraviesan mi corazón. Qué dulce sensación de abrirse a la luz, a la purificación, a la transparencia; claridad cristalina de razón y sentimiento.

Ahora el frío calor de Diciembre en Villarrodrigo va derritiendo el hielo. Sobre la hierba, las madreselvas, los arbustos, brillan las gotas de agua. La vida adopta ahora el carácter irisado del fino cristal, sus destellos vuelven a recordarme y a disponerme, quizá a recordarnos y a disponernos, a vivir una vida de brillo, claridad y transparencia.

En la transparencia del alma,

Tyagi Indrani Cerdeira
Editora de Ananda Ediciones

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